Gerardo Gabriel JUARA.
Sumario.
El 25 de mayo del 2026 el Vaticano ha dado a conocer el texto Magnifica Humanitas, “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, firmada el 15 de mayo de 2026, en el 135.º aniversario de Rerum novarum aparece como una encíclica social de nueva generación: no abandona la cuestión obrera clásica, pero la desplaza hacia el terreno donde hoy se reorganiza el poder: la inteligencia artificial, los datos, la automatización, la concentración tecnológica y la disputa por el sentido de lo humano. Me permito hacer unos primeros comentarios desde mi personal interés del mundo del trabajo.
1. Empezando por el comienzo. Qué es una encíclica?
Una encíclica es una carta solemne del Papa dirigida, según el caso, a los obispos, a los fieles católicos y, en las encíclicas sociales modernas, también a “todos los hombres y mujeres de buena voluntad”. No es una ley civil ni una norma canónica ordinaria, pero sí es un documento de alto valor magisterial: orienta la doctrina, fija criterios de discernimiento y ofrece una lectura moral, teológica y social de los problemas históricos.
En la tradición de la doctrina social de la Iglesia, las encíclicas funcionan como intervenciones doctrinales ante las “cosas nuevas” de cada época: la industrialización en Rerum novarum, el desarrollo en Populorum progressio, el trabajo en Laborem exercens, la ecología integral en Laudato si’, la fraternidad social en Fratelli tutti y, ahora, la inteligencia artificial en Magnifica Humanitas. La propia encíclica se coloca explícitamente en esa línea: afirma que la doctrina social no es un conjunto estático, sino un “corpus vivo” que permite leer los desafíos del presente desde la dignidad humana, el bien común y la justicia.
2. Núcleo de la encíclica
La tesis central puede formularse así: la inteligencia artificial no es sólo una innovación técnica; es una transformación civilizatoria que obliga a decidir si la humanidad será gobernada por una lógica de dominio o por una lógica de comunión.
El texto organiza esa alternativa mediante dos imágenes bíblicas: Babel y Nehemías. Babel representa el proyecto técnico-político construido desde la autosuficiencia, la uniformidad, el poder concentrado y la idolatría de la eficiencia. Nehemías representa la reconstrucción comunitaria: cada uno toma “su tramo de muralla”, la ciudad se reconstruye con participación plural, escucha, responsabilidad compartida y orientación al bien común. La encíclica dice, en términos muy claros, que la tecnología “no es neutral”, porque toma el rostro de quien la diseña, financia, regula y utiliza.
Desde esa clave, el documento desarrolla cinco grandes ideas.
Primero, la dignidad humana es anterior a toda utilidad, productividad o rendimiento. El texto rechaza la idea de que la persona deba justificar su valor por su eficiencia. Esto es central: la encíclica ataca la antropología implícita del capitalismo digital, donde la persona se vuelve dato, perfil, recurso, consumidor, insumo de entrenamiento o variable de rendimiento.
Segundo, la IA concentra poder. La encíclica advierte que hoy el desarrollo tecnológico ya no está principalmente en manos de los Estados, sino de actores privados transnacionales con recursos superiores a los de muchos gobiernos. Por eso pide instrumentos normativos, controles efectivos, transparencia, participación, gobernanza democrática y una regulación de los datos como bienes comunes o colectivos.
Tercero, la doctrina social debe entrar en la disputa por el diseño de la tecnología, no limitarse a corregir daños posteriores. Este punto es fuerte. El documento sostiene que la justicia social no debe ser una compensación ex post, sino una condición incorporada “desde el diseño” de los sistemas tecnológicos. Allí aparece una intuición muy útil para nuestra agenda: no alcanza con reclamar protección frente a los efectos de la IA; hay que discutir quién define los estándares, quién controla los datos, quién decide los fines y quién participa en la evaluación de impacto.
Cuarto, el trabajo sigue siendo la clave de la cuestión social. En la sección sobre “la dignidad del trabajo en la transición digital”, la encíclica retoma la tradición de Rerum novarum y Laborem exercens: el trabajo no es mero instrumento de ingreso, sino camino de madurez, cooperación, pertenencia social, desarrollo de capacidades y contribución al bien común. La automatización, la robótica y la IA no pueden evaluarse sólo por eficiencia, sino por sus consecuencias sobre empleo, dignidad, participación y vida comunitaria.
Quinto, la paz y el multilateralismo entran en la cuestión tecnológica. El llamado a “desarmar la IA” es una de las fórmulas más potentes del texto. No se refiere sólo a armas autónomas, sino también a la carrera económica, cognitiva y geopolítica por controlar algoritmos, datos y capacidad de decisión. Según Vatican News, la encíclica llama a sustraer la IA de las lógicas de dominación, exclusión y guerra, colocándola al servicio de la dignidad humana, la solidaridad y el bien común. (Vatican News)
3. Similitudes con la visión del Papa Francisco
La continuidad con Francisco es muy visible.
La primera continuidad es la crítica al paradigma tecnocrático. Francisco, en Laudato si’, había advertido que la técnica moderna tiende a convertirse en una forma de dominio cuando se separa de la ética, de la política y de los límites ecológicos. Magnifica Humanitas toma esa crítica y la actualiza frente a la IA: ya no se trata sólo de dominar la naturaleza, sino también de dominar la atención, la conducta, el trabajo, la información, la democracia y la imaginación colectiva. El propio texto cita a Francisco cuando recuerda que nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma.
La segunda continuidad es la idea de ecología integral. Francisco había unido el clamor de la tierra y el clamor de los pobres. Esta encíclica mantiene esa articulación, pero introduce una tercera dimensión: el clamor de lo humano frente a su reducción digital. Ya no se trata sólo de proteger ecosistemas naturales y comunidades excluidas, sino de proteger la interioridad, la libertad, la atención, la verdad pública y el trabajo humano frente a la captura tecnológica.
La tercera continuidad es la sinodalidad social: escuchar, discernir, no imponer, construir procesos. La encíclica recupera expresamente la idea franciscana de que “el tiempo es superior al espacio” y la imagen del poliedro: la verdad no se administra como posesión de poder, sino como bien compartido que madura en la historia.
La cuarta continuidad es la opción por los pobres, migrantes, enfermos, pequeños y descartados. La encíclica concluye afirmando que esas “piedras desechadas” deben convertirse en piedras angulares de una casa común sólida y hospitalaria.
4. Diferencias con Francisco
La diferencia no está en el horizonte ético, sino en el objeto histórico principal.
Francisco miraba el mundo desde la crisis socioambiental, la cultura del descarte, la desigualdad global, los migrantes, los movimientos populares, la fraternidad y la Casa común. León XIV, en esta encíclica, desplaza el centro hacia la infraestructura digital del poder: datos, IA, automatización, plataformas, captura de la atención, monopolios cognitivos, vigilancia, producción algorítmica de imaginarios, gobernanza tecnológica y armas inteligentes.
Dicho de otro modo: Francisco denunciaba la economía que descarta; León XIV denuncia también la tecnología que preconfigura quién será descartable.
Francisco tenía un tono más pastoral, popular y profético, con fuerte sensibilidad latinoamericana y periférica. Magnifica Humanitas tiene un tono más sistemático, doctrinal y arquitectónico. Ordena la doctrina social como una caja de herramientas para enfrentar un nuevo modo de poder. Es menos “clamor de los pobres” en sentido directo y más discernimiento institucional sobre la nueva forma del dominio.
También hay una diferencia de lenguaje. Francisco solía hablar en términos de “cultura del descarte”, “pueblo”, “amistad social”, “ecología integral”, “mejor política”. León XIV incorpora categorías más próximas a la gobernanza contemporánea: datos, controles efectivos, impacto humano y social, poder privado transnacional, asimetría epistémica, monopolios de IA, bienes comunes digitales y diseño tecnológico justo.
5. Similitudes con Rerum novarum
La encíclica es deliberadamente leonina. No sólo por el nombre del Papa, sino porque se publica en el aniversario de Rerum novarum y se presenta como una respuesta a las nuevas “res novae” del tiempo presente.
La similitud principal es estructural: ambas encíclicas nacen ante una revolución productiva que altera la relación entre trabajo, capital y poder.
Rerum novarum respondió a la cuestión obrera de la industrialización: explotación, salario injusto, concentración del capital, debilitamiento de los trabajadores y necesidad de asociaciones obreras. Magnifica Humanitas responde a la cuestión humano-digital: automatización, concentración de datos, poder privado transnacional, algoritmos, desplazamiento laboral, captura de la democracia y amenaza de reducir la persona a rendimiento.
Ambas afirman que el trabajo humano tiene una dignidad superior a la lógica del capital. La encíclica recuerda que Rerum novarum puso en el centro la dignidad del trabajador, el salario justo, la primacía de la persona sobre el beneficio, la función social de la propiedad y el valor de las asociaciones de trabajadores.
También comparten una intuición jurídico-política: cuando el poder económico se desborda, la justicia exige mediaciones institucionales. En 1891, esas mediaciones eran salario justo, asociaciones obreras, función social de la propiedad y deber estatal de protección. En 2026, son gobernanza de la IA, regulación de datos, participación comunitaria, controles democráticos, evaluación de impacto humano, protección del trabajo y límites al poder tecnocorporativo.
6. Diferencias con Rerum novarum
La diferencia histórica es decisiva.
Rerum novarum se enfrenta al capitalismo industrial: fábrica, salario, propiedad, capitalista, obrero, asociación, Estado nacional. Magnifica Humanitas se enfrenta al capitalismo digital-cognitivo: plataforma, dato, algoritmo, automatización, vigilancia, IA, infraestructura global, monopolio informacional y poder privado transnacional.
En Rerum novarum, la explotación se organizaba principalmente alrededor del tiempo de trabajo, el salario y la propiedad de los medios materiales de producción. En Magnifica Humanitas, la explotación puede organizarse también alrededor de la extracción de datos, la captura de atención, la programación de conductas, el trabajo invisible de entrenamiento algorítmico y la sustitución automatizada de tareas humanas.
La otra diferencia es que Rerum novarum todavía pensaba la solución en un marco más armónico-corporativo: colaboración entre clases, asociaciones, deberes recíprocos, tutela estatal. Magnifica Humanitas conserva la idea de cooperación, pero el adversario histórico es más difuso: no es sólo “el patrón”, sino una arquitectura técnica que puede operar sin rostro, sin territorio y sin deliberación democrática.
7. Implicancias para nuestra agenda: teoría crítica del trabajo
Para una teoría crítica del trabajo, esta encíclica ofrece una materia muy fértil, pero también exige leerla con cuidado.
Su aporte principal es que permite formular una tesis fuerte: la nueva cuestión social no sustituye a la cuestión obrera; la reprograma. El conflicto capital-trabajo no desaparece con la IA. Se desplaza hacia nuevas capas: propiedad de datos, diseño algorítmico, control de procesos, sustitución de tareas, vigilancia laboral, fragmentación de responsabilidades, debilitamiento sindical y externalización de riesgos.
Desde una mirada crítica del derecho del trabajo, la encíclica ayuda a discutir cinco puntos:
1. La dignidad no puede depender de la productividad. Esto golpea el corazón del discurso empresarial contemporáneo, que tiende a medir al trabajador por métricas, objetivos, productividad, disponibilidad, reputación digital o rendimiento algorítmico.
2. La neutralidad tecnológica es una ficción jurídica peligrosa. Si la tecnología “toma el rostro” de quien la concibe, financia, regula y utiliza, entonces el derecho no puede limitarse a controlar daños. Debe intervenir en la arquitectura misma del poder técnico.
3. Los datos laborales deben pensarse como bienes relacionales y colectivos. La encíclica habla de datos como bienes comunes o colectivos. Para el derecho del trabajo, esto abre una línea potente: los datos producidos por los trabajadores no son mero activo empresarial; pueden ser objeto de derechos de información, consulta, negociación colectiva, auditoría sindical y control público.
4. La participación debe entrar antes del diseño, no después del daño. El texto afirma que la justicia debe incorporarse desde el diseño tecnológico. Traducido al lenguaje laboral: los sindicatos deberían intervenir antes de la implementación de sistemas de IA, no sólo cuando el algoritmo ya despidió, intensificó ritmos, discriminó o precarizó.
5. El trabajo invisible debe ser reconocido. La encíclica menciona el trabajo explotado que alimenta los modelos algorítmicos. Esto conecta con moderadores de contenido, etiquetadores de datos, trabajadores de plataformas, programadores tercerizados, microtrabajo digital y cadenas globales de entrenamiento de IA.
Desde Supiot, podríamos decir que el documento denuncia una nueva forma de gobierno por números: no sólo se administra el trabajo, sino que se pretende traducir la persona entera a datos y rendimiento. Desde la teoría crítica, el riesgo es que la IA no sea una herramienta dentro del sistema productivo, sino una nueva forma normativa privada: clasifica, ordena, premia, castiga, excluye y decide bajo apariencia técnica.
8. Implicancias para la transición justa
La encíclica no habla de transición justa en el sentido técnico clásico de la OIT, pero ofrece una base doctrinal muy útil para ampliarla.
Hasta ahora, la transición justa se ha pensado sobre todo frente a la crisis climática: descarbonización, reconversión productiva, empleos verdes, protección social, diálogo social, formación profesional, participación sindical y desarrollo territorial. Magnifica Humanitas obliga a agregar otra dimensión: no habrá transición justa ecológica si al mismo tiempo hay transición digital injusta.
La transición justa debería integrar, al menos, cuatro transiciones simultáneas:
La transición ecológica, para reorganizar la producción dentro de límites planetarios.
La transición laboral, para proteger empleo, ingresos, salud, formación y negociación colectiva.
La transición digital, para impedir que la IA concentre poder, destruya trabajo sin compensación social o convierta a los trabajadores en objetos de vigilancia.
La transición democrática, para asegurar que las decisiones sobre tecnología, energía, ambiente y producción no queden en manos de élites empresariales, tecnocráticas o financieras.
Aquí aparece un punto muy nuestro: la transición justa no puede ser un programa de adaptación pasiva de los trabajadores a decisiones ya tomadas. Debe ser una facultad colectiva de intervención sobre el rumbo tecnológico y productivo. Si la IA se diseña sin trabajadores, sin sindicatos, sin comunidades y sin control público, no hay transición justa: hay modernización regresiva con lenguaje amable.
9. Lectura crítica: fortalezas y límites
La fortaleza mayor de la encíclica es que identifica correctamente el nuevo centro de gravedad del poder: no sólo la propiedad industrial o financiera, sino la propiedad de datos, infraestructura computacional, modelos predictivos y capacidad de orientar decisiones humanas. En ese sentido, es una encíclica social adaptada al siglo XXI.
Otra fortaleza es que no cae en tecnofobia. No dice “la IA es mala”. Dice algo más preciso: la IA no es neutral, y su sentido depende del régimen social, económico, político y moral que la gobierne.
El límite, desde nuestra mirada, está en que el texto mantiene una confianza fuerte en la comunión, el diálogo y la responsabilidad compartida. Eso es valioso, pero puede suavizar el conflicto material. La concentración tecnológica no es sólo un malentendido ético; es una relación de poder. No basta con llamar a “desarmar” la IA si no se identifican sujetos, intereses, mecanismos de acumulación, cadenas de valor, responsabilidades empresariales y herramientas coercitivas de regulación.
Dicho más frontalmente: Babel no se desarma sólo con exhortaciones morales; se desarma con derecho, organización colectiva, fiscalidad, democracia económica, regulación pública y contrapoder social.
10. Conclusión política y doctrinal
Magnifica Humanitas puede leerse como una nueva Rerum novarum para la era algorítmica. Si la de León XIII fue la gran respuesta católica a la fábrica industrial, esta pretende ser la respuesta a la fábrica invisible de datos, automatización, vigilancia y decisión algorítmica.
Para nuestros temas habituales, su valor está en que ofrece una arquitectura conceptual útil para tres batallas:
La primera es reponer la dignidad humana como límite al poder tecnológico.
La segunda es llevar la inteligencia artificial al campo del derecho colectivo del trabajo, no sólo al derecho de datos, defensa del consumidor o ética empresarial.
La tercera es ampliar la transición justa, incorporando la dimensión digital como parte inseparable de la transición ecológica y laboral.
La fórmula que sintetiza el aporte podría ser esta: la cuestión social del siglo XXI ya no se juega sólo en la fábrica, la mina, el campo o la oficina; también se juega en el algoritmo que decide, en el dato que se extrae, en el modelo que clasifica y en la infraestructura privada que gobierna silenciosamente la vida común. Ahí debe entrar el derecho del trabajo. Ahí deben entrar los sindicatos. Ahí debe entrar la transición justa.

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