domingo, 17 de noviembre de 2024

La primera semana de la cop29

Caos y tensiones en la primera semana de la COP29 en Bakú

La primera semana de la COP29, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Bakú, cerró dejando tras de sí un panorama desalentador. En lugar de decisiones concretas, lo que quedó fue una montaña de temas aplazados para junio de 2025 y una sensación creciente de desconfianza entre las partes. Los Órganos Subsidiarios (OS), responsables de allanar el camino para los acuerdos de alto nivel, finalizaron sus sesiones sin lograr consenso en cuestiones fundamentales como la adaptación, las pérdidas y daños, y la tecnología. Incluso temas considerados prioritarios, como el balance mundial (GST), el financiamiento climático y los planes para una transición justa, terminaron atrapados en interminables discusiones.
El clima de frustración fue palpable. Delegados de países en desarrollo acusaron a las naciones industrializadas de bloquear avances en áreas críticas, mientras que los representantes de países desarrollados defendieron la complejidad de los temas y la necesidad de más tiempo para alcanzar acuerdos sólidos. La Presidencia, por su parte, trató de mantener un frágil equilibrio entre ambas posturas, pero sus decisiones, consideradas por muchos como insuficientes, alimentaron el desorden y la tensión que marcaron la semana.

Financiación: un rompecabezas aún sin resolver
Uno de los puntos más controvertidos fue el Nuevo Objetivo Cuantificado Colectivo (NOCC), que busca establecer metas financieras claras para apoyar a los países en desarrollo. Aunque hubo algunos avances, como el compromiso de discutir el acceso y las barreras, las negociaciones se estancaron en temas clave. Países como Canadá y Australia insistieron en no añadir nuevos elementos al texto, mientras que el Grupo Árabe y los Países en Desarrollo Afines (LMDC) reclamaron la incorporación de propuestas omitidas. La duplicación del financiamiento para la adaptación y la transparencia en los flujos financieros también generaron fuertes divisiones.
La falta de consenso evidenció un problema de fondo: el desbalance de poder en las negociaciones. Mientras los países en desarrollo pedían mayor financiamiento y cumplimiento de compromisos previos, las naciones desarrolladas buscaban limitar sus responsabilidades. Las discusiones, que continuaron en sesiones informales, no lograron desbloquear el impasse, dejando el tema como una de las principales tareas para la segunda semana.
Balance Mundial: una oportunidad que parece lejana
El Balance Mundial (GST), diseñado para evaluar los progresos hacia los objetivos del Acuerdo de París, fue otro tema central de la semana. Los debates giraron en torno a cómo implementar los resultados obtenidos, pero las divisiones entre las partes dificultaron cualquier avance significativo. La Unión Europea (UE) defendió incluir cuestiones como la adaptación y las pérdidas y daños, mientras que otros grupos, como los Pequeños Estados Insulares (AOSIS), lamentaron la falta de un enfoque claro y ambicioso.
La tensión alcanzó su punto máximo cuando se discutió si remitir un texto preliminar a la Conferencia de las Partes (CP) para continuar las negociaciones. Aunque finalmente se aceptó enviar el documento, quedó claro que las diferencias de fondo persisten. La AOSIS calificó los avances como insuficientes y advirtió que, sin un progreso tangible, esta COP no puede considerarse un éxito.
Mitigación y transición justa: un diálogo envenenado
El Programa de Trabajo sobre Mitigación (MWP), que aborda los compromisos a largo plazo para reducir emisiones, y el marco para una transición justa, esencial para garantizar que la acción climática sea inclusiva, también quedaron atrapados en el limbo. Países desarrollados, liderados por la UE y el Reino Unido, defendieron un enfoque más ambicioso, mientras que los países en desarrollo acusaron a sus pares de intentar imponer estrategias prescriptivas que no consideran las realidades nacionales.
Las discusiones sobre la transición justa, un tema particularmente sensible, estuvieron marcadas por el rechazo de países como Arabia Saudita y los LMDC a incluir elementos que, según ellos, podrían limitar su soberanía. Estas posturas reflejan una creciente desconfianza entre los bloques, lo que dificulta encontrar puntos en común.

Adaptación: avances que no terminan de concretarse
El Objetivo Mundial de Adaptación y los Planes Nacionales de Adaptación fueron dos de los temas más discutidos de la semana. Aunque se lograron avances en la revisión de textos preliminares, la falta de consenso llevó a que muchas de estas discusiones se pospusieran para 2025. La Presidencia, en un movimiento controvertido, decidió congelar el debate sobre los planes nacionales, lo que desató una inusual rebelión diplomática. Delegados de varios países exigieron retomar el diálogo durante la segunda semana, desafiando las restricciones impuestas.
Los grupos más vulnerables, como los Países Menos Adelantados (PMA) y la AOSIS, expresaron su profunda frustración. Estos países, que enfrentan las peores consecuencias del cambio climático, consideran que la inacción en adaptación pone en peligro millones de vidas. La UE, por su parte, lamentó que, por cuarto año consecutivo, no se hayan alcanzado acuerdos significativos en este ámbito.
Pérdidas y daños: avances en el papel, estancamiento en la práctica
El Mecanismo Internacional de Varsovia (WIM) y la Red de Santiago, dos instrumentos clave para abordar las pérdidas y daños asociados al cambio climático, tampoco lograron avances sustanciales. Aunque se identificaron áreas de posible acuerdo, como el financiamiento y la creación de oficinas regionales, las diferencias sobre la ubicación de la Red de Santiago y otros detalles técnicos impidieron un consenso.
El G-77 y China, respaldados por el Grupo Africano, enfatizaron la necesidad de garantizar una mayor financiación y fortalecer la capacidad de respuesta. Sin embargo, las propuestas quedaron atrapadas en un texto lleno de ambigüedades, lo que refleja la complejidad y la sensibilidad política del tema.

Género y diversidad: retrocesos preocupantes

En el ámbito de género, las discusiones estuvieron marcadas por la controversia. Propuestas para incluir referencias a la violencia contra las mujeres y la reactividad de género en las contribuciones climáticas enfrentaron resistencia. Países como Irán y Arabia Saudita señalaron que algunas de estas propuestas contravienen sus principios y legislación nacional, mientras que grupos como la AOSIS y la UE defendieron un enfoque más inclusivo.
La falta de consenso generó preocupación entre los observadores, quienes advirtieron que estos retrocesos podrían debilitar los avances logrados en años anteriores. “El cambio climático afecta de manera desproporcionada a las mujeres y niñas; no podemos permitir que estas discusiones diluyan su importancia”, declaró un representante de un grupo de género.

Un cierre caótico y cargado de críticas

los sindicatos y las organizaciones sociales llevamos adelante una jornada de protesta, exigiendo un compromiso de financiamiento claro y suficiente.
El caos logístico también marcó la semana. Problemas técnicos, como la caída de una aplicación clave para coordinar las sesiones, y una programación confusa añadieron estrés a los delegados. En los pasillos, el ambiente era de agotamiento y frustración. “Ha sido una de las negociaciones multilaterales más disparatadas que he vivido”, confesó un delegado veterano.
Con una segunda semana aún más cargada de tareas pendientes, la presión sobre la Presidencia y los ministros aumenta. Temas como el financiamiento, las pérdidas y daños, y la transición justa requieren avances significativos para que esta COP sea considerada un éxito. Sin embargo, la falta de confianza entre las partes y las divisiones persistentes hacen que el camino hacia un consenso parezca más difícil que nunca. El mundo espera respuestas concretas, pero en Bakú, estas aún parecen un sueño distante.

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