El tiempo no es lo que creíamos: científicos lo encuentran y lo devuelven
Mirá, uno viene toda la vida confiando en ciertas reglas básicas: el sol sale por el este, la yerba se acaba justo cuando ya estás cebando, y el tiempo avanza hacia adelante. O eso creíamos. Pero resulta que no, que la física cuántica vino a patearnos el tablero, como un nene caprichoso en una partida de ajedrez con su abuelo.
Un equipo de científicos de la Universidad de Surrey acaba de demostrar que, en el mundo cuántico, el tiempo puede fluir para adelante y para atrás al mismo tiempo. Sí, leíste bien: las partículas subatómicas no respetan nuestro calendario, ni nuestra idea de envejecimiento, ni la cantidad de canas que acumulamos. Para ellas, todo es más laxo. Como si al universo le diera lo mismo que el futuro sea pasado o que el pasado sea futuro o creyera que todo tiempo pasado fue mejor.
Ahí es donde empieza el problema, porque esto tira por la borda una de las certezas más fundamentales que tenemos: que la vida avanza y punto. Que las hojas secas no vuelven a brotar en los árboles, que un mate lavado no recupera su gloria, y que los asados no pueden deshacerse para volver a ser vacas felices en un campo. (alerta veganos!)
Pero no, dicen los científicos de la Universidad de Surrey. Nos sentamos a observar partículas cuánticas y resulta que las muy descaradas van y vienen como si el tiempo no tuviera semáforos.
En un estudio publicado en Scientific Reports, el profesor Andrea Rocco y su equipo analizaron "sistemas cuánticos abiertos", que son como pequeñas fiestas de partículas en las que nadie controla la puerta. Ahí, descubrieron que la evolución del sistema seguía siendo simétrica: si uno le daba play o rebobinar, las ecuaciones seguían funcionando igual. Es decir, el tiempo en el mundo cuántico es como una película que podés mirar para adelante o para atrás sin que nadie se queje.
Para entender por qué esto es tan impactante, hay que hablar un poco sobre la "flecha del tiempo".
En la vida cotidiana, la conocemos bien: los huevos se rompen, pero no se arman solos; las olas rompen en la playa, pero no retroceden en cámara lenta reconstruyendo la espuma. Eso se debe a la segunda ley de la termodinámica, que dice que la entropía (es decir, el desorden) siempre aumenta con el tiempo. Es la razón por la cual no vemos tazas de café recompuestas solas después de caerse al piso. La flecha del tiempo es la que nos mantiene en este orden de cosas, sin posibilidad de dar marcha atrás.
Pero en la escala cuántica, la historia es otra. Resulta que las leyes de la física en ese nivel no distinguen entre pasado y futuro: funcionan igual si el tiempo corre hacia adelante o hacia atrás. En la teoría, no hay nada que impida que las partículas se muevan en ambas direcciones temporales. Y el estudio de Surrey confirma que, incluso cuando tomamos en cuenta la pérdida de información en un sistema cuántico, las ecuaciones siguen comportándose como si el tiempo fuera reversible. En términos sencillos: el universo no impone una dirección única al tiempo en su nivel más básico, sino que parece ser una característica emergente de nuestra percepción a gran escala.
Imaginate que estás en una fiesta. En nuestra escala de la realidad, si el vino se derrama, ya está: quedaste como el que arruinó el mantel. Pero en el universo cuántico, el vino podría volver a la copa y vos quedarías impoluto. O mejor aún, podrías retroceder el tiempo y no haber cometido nunca la torpeza.
Esto plantea preguntas enormes. ¿Si el tiempo es reversible a nivel cuántico, por qué en nuestra experiencia cotidiana parece avanzar solo en una dirección? ¿Podría haber regiones en el universo donde el tiempo va al revés? ¿Estamos atrapados en una ilusión de irreversibilidad? Los científicos especulan que nuestra percepción de la flecha del tiempo podría deberse al comportamiento colectivo de innumerables partículas interactuando, generando la sensación de que el tiempo es una autopista de un solo carril.
Otra implicación fascinante es lo que esto significa para el origen del universo. Si el tiempo puede fluir en ambas direcciones en su nivel más fundamental, algunos científicos sugieren que cerca del Big Bang podrían haber existido regiones donde el tiempo fluía al revés. Es decir, que en otro punto del universo, para algún observador hipotético, nuestra historia estaría ocurriendo al revés. De ser así, ¿cómo afectaría esto a nuestra concepción del tiempo como una magnitud universal? (y esto le daria la oportunidad a Guillermo Moreno para volver al 45 y a Bertie Benegas Lynch para oponerse a la asamblea del año 13!)
Por ahora, la investigación no cambia nada en nuestro día a día. Seguimos envejeciendo, seguimos perdiendo los colectivos por segundos, y el lunes sigue viniendo sin piedad después del domingo. Pero sí nos deja con la certeza de que el tiempo, esa cosa que creíamos conocer tan bien, es mucho más flexible y misterioso de lo que nos gusta admitir. Y si algún día encontráramos la forma de manipularlo, podríamos hacer lo impensado: recuperar mates lavados, evitar lunes o, quién sabe, hacer que los asados vuelvan a su forma original y puedan contarnos qué se siente estar de los dos lados del tiempo.
Editado por Felipe Espinosa Wang con información de Scientific Reports, Cosmos, Science Alert y Study Finds.
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