sábado, 3 de mayo de 2025

Qué hacemos con lo que tiramos? cronica de un ultimo viaje a la OIT.


 


Empieza el viaje, la parte material del viaje, ya en Ezeiza, sentando, viendo aviones y gente. la cabeza ya viajó y se perdió hace varios dias. Y, como siempre, lo primero que aparece no es la emoción ni el entusiasmo, sino el cansancio. Cansancio anticipado, como si el cuerpo ya supiera que la verdadera fatiga no es física, sino moral. O quizás esa otra cosa que ocupa el lugar donde alguna vez estuvo la moral.

 

Otra reunión. Otro aeropuerto. Otra sala con micrófonos minúsculos y sin siquiera el consuelo de un café imbebible. Pero esta vez no es una reunión más, donde sacas la taza que te mandaste a hacer con la frase “perdido en una reunión que podría haber sido un email” No. Es Ginebra. Es la OIT. Es, por primera vez en más de un siglo, un intento de redactar directrices sobre trabajo decente en el reciclaje. Y aunque suene a tecnicismo, a jerga de funcionario gris, es —o podría ser— algo más que eso.



 

Nos han convocado para hablar de los precarizados estructurales de nuestras ciudades, a los que llaman recicladores como si fuera el título de una serie de Netflix,  Un recorrido benévolo por las víctimas del naufragio del “Titanic” capitalista. No para ofrecerles un bote, ni siquiera un salvavidas, sino una tabla de madera un poco más ancha, ligeramente menos mojada. Porque hay crisis, sí —siempre—, pero también hay oportunidad. O eso queremos creer.

 

Y es también el momento de hablar de quienes ni siquiera han notado que el barco se ha hundido. Porque hablar de reciclaje no es hablar de basura. Es hablar del mundo como objeto de uso. De cómo lo usamos, lo agotamos, lo desechamos. Y, por supuesto, de cómo también nos desechamos a nosotros mismos: trabajadores descartados, territorios abandonados, formas de vida convertidas en ruinas.

 

La OIT nació en 1919, antes que la ONU, como una anomalía esperanzada en medio del desastre. Un intento de civilizar el trabajo tras la Gran Guerra. Un gesto de cordura en un continente desangrado. Una voz clara tratando de poner al trabajo de las personas el calificativo de “humano” una organización que se hizo dueña de la bandera de la justicia social y de alguna de las frase màs luminosas para cualquier laboralista “la paz permanente solo puede basarse en la justicia social” y ahí nomas, para que no quedaran dudas decir: 

“todos los seres humanos, sin distinción de raza, credo o sexo tienen derecho a perseguir su bienestar material y su desarrollo espiritual en condiciones de libertad y dignidad, de seguridad económica y en igualdad de oportunidades;”

Pero claro, quizás el documento haya quedado algo viejo, o quizás las personas ya no lo necesiten, o sea el emprendedorismo el nuevo nombre del trabajo….

Y sin embargo, un siglo después, aquí estamos: hablando del trabajo más invisible de todos. El reciclaje. Aunque, para ser honestos, lo que llaman “reciclaje” en realidad es otra cosa. Es caminar calles, revolver bolsas, buscar entre lo que otros tiran —porque el sistema público no llega, porque fue desfinanciado por políticas que llamaron exitosas—. Nos dijeron que la iniciativa privada se haría cargo, pero no aclararon que hablaban de estos privados: los que pagan con su cuerpo lo que otros capitalizan en commodities químicos. Y así, una vez más, el sur —esta vez el sur urbano— cae en una lógica extractivista, sólo que ahora no del subsuelo sino del tacho.

 

De eso hablamos: de un trabajo que no se ve, que no se paga, ni en el mundo formal ni en sus márgenes. Un trabajo que, cuando aparece, es a través de imágenes borrosas: camiones, contenedores, una mujer doblada sobre una pila de cartones.

 

El borrador que nos convoca tiene cinco capítulos, cuarenta mil palabras y un arsenal de eufemismos. Uno pensaría que en un documento así, la precarización —ese dragón sin San Jorge— tendría al menos un párrafo digno. Pero no. Aparece una vez. Una. Y no como protagonista, sino como nota al pie. Como si incluso en el texto, los recicladores fueran carteles para esconder detrás de su drama los otros dramas, los de los trabajadores públicos y privados de la cadena de suministro, también invisibilizados, en una lucha de pobres contra otros aún más pobres que queremos ocultar.

 

¿Qué son estas directrices, entonces? Menos que un convenio. Menos incluso que una recomendación. No obligan, no sancionan. No tienen dientes. Pero a veces, incluso sin fuerza legal, hacen historia. Porque las palabras, si están bien escritas, pueden mover políticas. Pueden empujar decisiones. Pueden cambiar lo posible. A veces. Y si no van a implicar un compromiso, intentemos que sea una mejor promesa, volviendo a las raíces de la declaración de Filadelfia.

 

Este texto, sin embargo —este borrador cauteloso, con su prosa aséptica y su ambición contenida— parece diseñado para no incomodar a nadie. Tiene todo lo necesario para no quedar mal, y nada de lo imprescindible para hacer una diferencia. No habla del financiamiento de los servicios públicos. No menciona el valor económico de la ganancia ambiental. No se pregunta por qué dejamos que el sistema colapse. Como si la economía circular funcionara por combustión espontánea y no fuera, en realidad, una máquina que alguien tiene que encender, sostener, reparar.

 

Hay, además, tres temas que faltan. Primero, un marco legal que dé trazabilidad al proceso, que reconozca el valor ambiental de lo reciclado, que castigue la externalidad negativa del descarte crónico. Segundo, un análisis serio de toda la cadena del reciclaje: desde el ecodiseñador, que imagina productos con segunda vida, hasta los recicladores industriales que los transforman en algo útil. Entre medio, claro, están los gestores, los recuperadores, los invisibles. Y tercero, la cadena inversa: esa que empieza cuando arrojamos algo al tacho y termina —si todo va bien— en una nueva materia prima. Una cadena circular que, más que cerrar, suele marear a políticos y economistas por igual.

 

Lo dice el informe. O lo digo yo. Es lo mismo: la generación de residuos crece más rápido que el PIB. Es decir, somos más eficientes produciendo basura que riqueza. Una caricatura del capitalismo tardío. Consumimos más, tiramos más, y en el proceso generamos empleo… del peor. Precario. Fragmentado. Inseguro. Invisible.

 

¿Y qué hacemos con eso? ¿Lo ignoramos? ¿Lo maquillamos? ¿Lo disfrazamos de innovación verde?

 

No, gracias.

 

La única forma de hacer justicia —no sólo social, también ecológica— es mirar el problema de frente. Y eso empieza por reconocer a los trabajadores del reciclaje como lo que son: piezas clave de una economía que se dice circular, pero que muchas veces sigue girando en espiral descendente. Hay que darles nombre, rostro, salario, derechos. No por caridad. Por justicia.

 

Viajo con un cuaderno abierto. Siempre lo hago. Es mi manera de pensar. De defenderme del ruido. De no convertirme en burócrata. Y mientras hago la valija, pienso en todo lo que no está escrito. En lo que hay que decir. En lo que aún falta por pelear.

 

Esta semana será intensa. No cambiará el mundo. Pero quizás —si decimos lo que hay que decir, si escribimos lo que otros no se animan a leer, si dejamos constancia— quede una huella. Pequeña. Invisible. Pero una huella, al fin.

 

Así estoy yendo. Así me despido. Con esa esperanza que tanto me molesta y nunca me deja. Con la rabia habitual. Con la ilusión golpeada pero que a primera vista simula estar intacta. Y con esa pregunta que me sigue, como un eco testarudo: ¿qué hacemos con lo que tiramos cuando lo que tiramos es lo humano?


 

viernes, 2 de mayo de 2025

Una economía que crece y un mundo que se desborda



Por qué producimos más residuos que riqueza


El espejismo del crecimiento

Durante décadas, la humanidad ha perseguido el crecimiento económico como si fuera la única brújula posible. PIB arriba, todo está bien. PIB abajo, saltan las alarmas. Nadie se preguntaba qué dejábamos atrás en esa carrera. Nadie hablaba —al menos no en voz alta— de los restos.


Hoy ya no podemos callarlo: los restos nos han alcanzado. Se amontonan. Nos rodean.


El crecimiento se frena, los residuos no


Según el Fondo Monetario Internacional, la economía mundial crecerá al 2,8% en 2025 y al 3,0% en 2026. Son cifras moderadas, menores al promedio de 3,7% registrado entre 2000 y 2019. Una desaceleración con causas múltiples: conflictos geopolíticos, tensiones comerciales, y sobre todo, un modelo agotado.


Pero mientras el motor económico pierde impulso, hay otro que no para: la basura. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los residuos sólidos urbanos pasarán de 2.300 millones de toneladas en 2023 a 3.800 millones en 2050. Un aumento del 65%. Y no hablamos de desechos industriales o peligrosos, sino del día a día: plásticos, empaques, electrónicos, ropa.

Es decir, por cada punto de crecimiento económico, generamos residuos al mismo —o mayor— ritmo. Un crecimiento que arrastra su sombra.

 

¿Por qué generamos más basura que valor?


Porque el modelo económico sigue siendo lineal. Aunque nos repetimos que vivimos en una economía verde o digital, la lógica dominante sigue siendo la del usar y tirar. Obsolescencia programada. Consumo rápido. Desecho fácil.


Las clases medias emergentes imitan el estilo de vida del norte global. ¿Cómo no hacerlo? Es el modelo aspiracional. Pero con él importan también sus defectos: la acumulación, el derroche, la desconexión entre consumo y consecuencias.


Y hay un problema estructural que lo agrava: las cadenas de suministro globales. Desde la extracción de materias primas hasta el transporte y el embalaje, cada etapa genera residuos. La basura comienza mucho antes de que llegue a nuestras manos.


El fracaso de la eficiencia


Nos prometieron que la tecnología resolvería esto. Que seríamos más eficientes. Pero la eficiencia, sin límites, es solo una forma de multiplicar el daño a mayor escala. Si no hay un cambio en el sistema de valores y en la infraestructura global, reciclar es apenas un parche en una presa agrietada.


La basura se gestiona, en muchos lugares, como hace 50 años: se entierra, se quema o se ignora. En países sin capacidad de tratamiento, se convierte en paisaje. En amenaza. En destino.


No es solo una crisis ambiental


La brecha entre desarrollo y residuos no es una anomalía: es el reflejo de una lógica que mide el éxito por su velocidad, no por su dirección. Seguimos sumando crecimiento económico sin restar impacto ecológico. Nos gusta hablar de sostenibilidad, pero no renunciamos al exceso. El resultado: un planeta que se vuelve intransitable, no por falta de riqueza, sino por la saturación de sus desechos.



¿Y ahora qué?


La respuesta no es fácil. Pero la pregunta es clara: ¿vale la pena crecer si lo que dejamos atrás es más grande que lo que construimos?


Es hora de replantear la narrativa. El progreso no puede medirse solo en cifras, sino en consecuencias. No se trata de dejar de crecer, sino de crecer de otro modo. Sin que cada unidad de riqueza venga acompañada de su equivalente en basura.


Porque si no cambiamos eso, seguiremos avanzando hacia el colapso con una sonrisa estadística en la cara y una montaña de residuos a la espalda.


 

Bibliografía

Fondo Monetario Internacional (2025). World Economic Outlook Update – January 2025. Recuperado de: https://www.imf.org/es/Publications/WEO/Issues/2025/01/17/world-economic-outlook-update-january-2025

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2024). Perspectiva mundial de la gestión de residuos 2024. Recuperado de: https://www.unep.org/es/resources/perspectiva-mundial-de-la-gestion-de-residuos-2024

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2024). El mundo debe superar la era de los desechos. Comunicado de prensa. Recuperado de: https://www.unep.org/es/noticias-y-reportajes/comunicado-de-prensa/el-mundo-debe-superar-la-era-de-los-desechos-y


martes, 22 de abril de 2025

Una carta a la Tierra: el Papa que habló con el mundo

Escribí estas líneas con el corazón apretado y la cabeza llena de ideas. Hoy, 22 de abril, Día Internacional de la Tierra, nos llega la noticia de la muerte del Papa Francisco. La coincidencia no es menor. Francisco no fue un Papa cualquiera. Fue una de las pocas voces globales que se atrevió a decir lo que muchos prefieren callar: que este modelo nos está llevando al desastre, que nadie se salva solo, y que la ecología sin justicia social no existe.
Este texto no es una elegía religiosa. Es un intento de poner en palabras lo que su figura representó para muchos de nosotros: una esperanza lúcida, una ética del cuidado, una política del amor al prójimo y al planeta.




Este 22 de abril, Día Internacional de la Tierra, el calendario nos propone una coincidencia que conmueve. La muerte del Papa Francisco —el primero que eligió su nombre en honor a Francisco de Asís, el santo que habló con los animales y abrazó la pobreza como camino— ocurre justo en la jornada en que el mundo detiene su marcha para pensar el futuro del planeta. No es un hecho menor. Es casi un mensaje. Una señal que interpela a creyentes y no creyentes por igual.

Francisco no fue un pontífice convencional. Hijo de inmigrantes italianos, nacido en Buenos Aires, su voz vino desde el margen del poder, desde el sur global, y logró colarse en las discusiones más urgentes del siglo XXI. Fue, quizá, uno de los últimos líderes morales con alcance universal. Un hombre que entendió el lenguaje de la época: habló de ecología, de justicia social, de migraciones, de fraternidad en tiempos de odio, de un sistema que descarta vidas humanas como si fueran basura.

En nombre de los que nunca son nombrados, lanzó dos cartas abiertas que definieron su papado y trascendieron las fronteras de la Iglesia: Laudato si’ (2015) y Fratelli tutti (2020). Estas encíclicas no fueron textos pensados solo para creyentes: fueron faros para una humanidad desorientada, atravesada por la crisis climática, la desigualdad obscena, la cultura del descarte y la polarización permanente. En ellas no propuso dogmas, sino puentes. No sentencias, sino caminos. Su mensaje fue claro: sin justicia social no hay ecología posible, y sin fraternidad no hay futuro.

 

En defensa de la casa común


Laudato si’ fue, y sigue siendo, una pieza fundamental del pensamiento ecológico contemporáneo. No es un texto religioso en el sentido tradicional: es un documento político, ético y profundamente humano. En él, el Papa Francisco denunció con una contundencia inusual lo que muchos gobiernos, empresas y medios aún se resisten a admitir: el modelo económico dominante —basado en el extractivismo, la explotación ilimitada y la lógica del descarte— destruye la naturaleza y precariza la vida. No lo dijo con eufemismos. Lo dijo como lo dicen los pueblos que ven secarse sus ríos, colapsar sus cosechas, morir su fauna, ser desplazados por la minería o los monocultivos. Como lo gritan las comunidades que sufren inundaciones, incendios, enfermedades evitables. Como lo sienten quienes, desde abajo, viven en carne propia la crisis ecológica que otros debaten desde oficinas climatizadas.

“Todo está conectado”, repetía Francisco, y con eso derrumbaba de un solo golpe la falsa dicotomía entre lo ambiental y lo social. No hay lucha por el clima sin justicia social. No hay transición ecológica si se hace a espaldas de los trabajadores, si no incluye a las comunidades, si no transforma el sistema y sus reglas. No hay solución tecnológica que pueda reemplazar la dignidad del trabajo humano ni la sabiduría de quienes cuidan la tierra con sus manos. Tampoco hay futuro si los costos del “cambio verde” los pagan siempre los mismos: los pobres, los del sur, los invisibles.

En Laudato si’ está también una crítica profunda —y por momentos feroz— a la cultura del descarte. Una cultura que no solo desecha objetos cuando pierden su utilidad, sino que trata a las personas como si fueran descartables. Los pobres, los ancianos, los migrantes, los trabajadores precarios —y podríamos agregar a los defensores ambientales, perseguidos y asesinados en muchas regiones del mundo— son víctimas sistemáticas de un sistema que mide el valor en términos de rentabilidad, no de dignidad. Un sistema que sacrifica vidas humanas en nombre del crecimiento económico, y que llama “progreso” a lo que en realidad es una forma sofisticada de destrucción.

 

Una fraternidad que atraviese las fronteras


Cinco años después de Laudato si’, en plena pandemia, el Papa publicó Fratelli tutti. Si la primera encíclica fue un grito por la Tierra, esta segunda fue un llamado urgente a reconstruir los lazos humanos en un mundo quebrado. La humanidad, decía Francisco, está herida. Por la desigualdad, por el aislamiento, por la desconfianza que se instaló como norma. Frente al cinismo, al individualismo feroz, al “sálvese quien pueda” globalizado, él propuso algo tan revolucionario como simple: reconocernos como hermanos. Como parte de una misma familia humana, más allá de credos, fronteras o ideologías.

Fratelli tutti es una encíclica sobre la política, pero no sobre partidos. Es una propuesta ética, una visión de la política como acto de servicio y no como herramienta de acumulación. Un manifiesto que invita a repensar nuestras instituciones, nuestras economías, nuestras formas de convivencia. En sus páginas hay críticas concretas y sin vueltas: a los populismos que manipulan los miedos del pueblo, a los neoliberalismos que naturalizan la exclusión, a los discursos de odio que alimentan violencia, a los muros que separan cuerpos y alimentan fantasmas. Pero también hay lugar para otra palabra olvidada: ternura. Se habla de ternura como forma de resistencia, de diálogo como herramienta de transformación, de encuentros que sanan más que mil decretos.

Francisco no esquivó los conflictos. Al contrario: los miró de frente. Habló de las guerras, de los migrantes, del racismo estructural, de la pobreza que no es accidente sino resultado de decisiones. Y pidió que nadie quede afuera de las decisiones que afectan su vida. Que los trabajadores, las mujeres, los pueblos originarios, los jóvenes, tengan voz, tengan silla, tengan poder. Que los movimientos populares, los sindicatos, las organizaciones comunitarias, sean actores reales en la construcción de otro modelo de sociedad. Que el futuro no sea una imposición de los de siempre, sino una creación colectiva con justicia, dignidad y esperanza.


 

La muerte de Francisco y el legado que queda


Hoy, al recordar a Francisco en el Día de la Tierra, es imposible no verlo como lo que fue: un profeta de nuestro tiempo. No en el sentido místico, sino en el más político y humano del término. Un hombre que incomodó a los poderosos, que habló de límites cuando todo el mundo celebraba el exceso, que denunció el mito del crecimiento infinito en un planeta finito. Uno que eligió ponerse del lado de los descartados, no de los dueños del sistema. Que propuso una ecología con rostro humano, y una fraternidad con memoria histórica: una que no olvida a las víctimas, que no borra las luchas, que no iguala al opresor con el oprimido.

El mundo llora su partida, pero su palabra sigue viva. No quedó encerrada en los muros del Vaticano ni archivada como un documento más. Sigue latiendo en quienes pelean por aire limpio, por agua segura, por bosques en pie, por condiciones de trabajo dignas, por territorios libres de saqueo. Sigue en quienes creen que otra economía es posible —una que ponga la vida en el centro— y que la justicia ambiental no es un lujo de países ricos, sino un derecho que debe ser garantizado para todos, en todas partes.

Este 22 de abril no será solo un día para plantar árboles. Será también un día para plantar ideas. Ideas fuertes, incómodas, necesarias. Ideas como las que Francisco sembró con coraje, a contracorriente: que la Tierra es nuestra casa común, no una mercancía. Que nadie se salva solo, ni los individuos, ni los países. Que estamos al borde de un colapso, pero que todavía hay tiempo de cambiar el rumbo si tenemos la valentía de imaginar otro mundo, y de construirlo juntos, desde abajo, con justicia, con ternura y con memoria.


 

Referencias

Francisco. (2015). Laudato si’: Sobre el cuidado de la casa común. Vaticano.

Francisco. (2020). Fratelli tutti: Sobre la fraternidad y la amistad social. Vaticano.



sábado, 8 de marzo de 2025

Evolución del Convenio sobre Riesgos Biológicos: De la Regulación a la Construcción de un Marco Normativo Integral

Evolución del Convenio sobre Riesgos Biológicos: De la Regulación a la Construcción de un Marco Normativo Integral

 

1. La Inscripción de los Riesgos Biológicos en la Agenda Normativa Internacional

 

1.1. La Transformación del Derecho del Trabajo Frente a los Riesgos Emergentes.[1]

 

El derecho del trabajo, en su evolución histórica, ha sido una respuesta institucionalizada a los desafíos derivados de la relación asimétrica entre capital y trabajo. La emergencia de los riesgos biológicos en el contexto laboral no solo redefine el paradigma de la seguridad ocupacional, sino que además impone una reconfiguración del marco normativo global para garantizar una protección efectiva ante fenómenos de alta complejidad y repercusión transnacional. Factores como la globalización productiva, la aceleración del cambio climático y la intensificación de la movilidad humana han incrementado la exposición de los trabajadores a agentes biológicos, evidenciando la insuficiencia de los sistemas de regulación tradicionales y la necesidad de un enfoque sistémico que integre dimensiones sanitarias, ambientales y laborales.

 

En este contexto, la 328.ª reunión del Consejo de Administración de la OIT (octubre-noviembre de 2016) consolidó la premisa de que las normas internacionales del trabajo deben someterse a un proceso de revisión constante, con el fin de evaluar su pertinencia y aplicabilidad en un mundo del trabajo en transformación. Entre las conclusiones fundamentales de este examen se destacó la ausencia de un marco normativo específico para los riesgos biológicos, así como la necesidad de garantizar la coherencia de las regulaciones laborales con los marcos de gobernanza sanitaria internacional.

 

La crisis sanitaria derivada de la pandemia de COVID-19 puso en evidencia la precariedad de los mecanismos de protección en muchos sectores y la falta de un marco regulador que contemplara los riesgos biológicos como un eje central de la seguridad en el trabajo. 

 

La pandemia también expuso desigualdades estructurales en la protección de los trabajadores, evidenciando la necesidad de normas que garanticen un enfoque inclusivo y preventivo. A raíz de ello, se produjo un consenso en torno a la urgencia de establecer un nuevo marco de protección que reconozca la interdependencia entre el entorno laboral y los factores sanitarios globales.

Tras la crisis sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19, se generó un consenso en la comunidad internacional sobre la necesidad urgente de desarrollar un nuevo marco regulatorio que aborde los riesgos biológicos en el trabajo de una manera más estructurada y efectiva. Este marco debe reconocer que los riesgos biológicos no pueden tratarse de forma aislada, sino que están interconectados con el entorno laboral y los factores sanitarios globales.

En otras palabras, la pandemia puso en evidencia que la protección de los trabajadores frente a enfermedades de origen biológico no es solo un asunto de seguridad y salud en el trabajo, sino que también está directamente vinculada con la gobernanza sanitaria mundial, el cambio climático, la globalización y las desigualdades estructurales en el acceso a la salud. Esto llevó a la conclusión de que la regulación de los riesgos biológicos en el trabajo debe alinearse con los sistemas de salud pública, las estrategias de prevención de pandemias y las políticas ambientales, asegurando que las condiciones laborales no agraven las crisis sanitarias y que las respuestas a estas crisis incluyan la protección de los trabajadores.

 

En respuesta a estas constataciones, la 341.ª reunión del Consejo de Administración (marzo de 2021) incluyó la protección contra los riesgos biológicos en la agenda de la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT). La primera discusión del proyecto normativo se llevó a cabo en la 112.ª reunión (2024), y se prevé su continuación en la 113.ª (2025). Este proceso se inscribe dentro del reforzamiento de los derechos fundamentales en el trabajo, alineado con la declaración de los Convenios núm. 155 y 187 como instrumentos esenciales para la promoción de un entorno laboral seguro y saludable.

 

Aquí tienes el fragmento redactado al estilo de Alain Supiot:


El reconocimiento del derecho a un entorno de trabajo seguro y saludable como derecho fundamental en el trabajo se inscribe en un movimiento más amplio de reconfiguración del estatuto del trabajo en la era de la globalización. En efecto, la seguridad y la salud en el trabajo no pueden ser consideradas meras prerrogativas concedidas a los trabajadores en función de la voluntad del empleador o de las fluctuaciones del mercado. Se trata, por el contrario, de exigencias esenciales que estructuran el orden jurídico del trabajo, cuya función no es otra que garantizar la dignidad del trabajador y su integridad física y psíquica.

Los Convenios núm. 155 y 187 de la Organización Internacional del Trabajo no son simples recomendaciones técnicas, sino la expresión normativa de un principio cardinal: la protección del trabajador frente a los riesgos inherentes a su actividad constituye una obligación indeclinable de los poderes públicos y de los empleadores, un compromiso que trasciende la lógica individualista del contrato para inscribirse en el marco de una responsabilidad colectiva.

El Convenio núm. 155 formula los principios fundamentales sobre los cuales debe erigirse una política nacional de seguridad y salud en el trabajo, exigiendo la articulación de mecanismos de prevención y control que aseguren la protección efectiva de quienes, por su labor, exponen su salud y su vida. A su vez, el Convenio núm. 187 refuerza la centralidad de este derecho al establecer la necesidad de programas e instituciones que fomenten una mejora continua en las condiciones laborales, consolidando la seguridad en el trabajo como una obligación de los Estados y no como una simple recomendación.

Hablar del "reforzamiento de los derechos fundamentales en el trabajo, alineado con la declaración de los Convenios núm. 155 y 187" implica, por tanto, una revalorización del derecho del trabajo en su dimensión protectora, orientada a reequilibrar la relación entre el capital y el trabajo. No se trata de una mera corrección técnica del orden normativo, sino de un giro que reafirma la primacía de la persona sobre la lógica de acumulación, integrando la seguridad y la salud como pilares innegociables de la justicia social.

 

2. La Evolución del Debate Normativo: De la Deliberación Técnica a la Consolidación de un Consenso Internacional

 

2.2. El Informe IV(4): Análisis de las Divergencias y Convergencias en la Primera Discusión

 

El Informe IV(4), producto de la primera discusión en la 112.ª CIT, pone de manifiesto tanto la existencia de consensos sobre la urgencia de regular los riesgos biológicos en el trabajo como la persistencia de disensos sobre elementos fundamentales de la futura normativa. Se han identificado las siguientes áreas de tensión:

  • Definición y Alcance de los Riesgos Biológicos: Si bien existe un reconocimiento general de la necesidad de abordar la exposición laboral a patógenos, persisten desacuerdos respecto de si la normativa debe limitarse a agentes biológicos con riesgo comprobado o si debe incluir riesgos emergentes y zoonosis en expansión. Mientras algunos Estados abogan por una lista cerrada de patógenos de interés, otros insisten en la necesidad de una definición flexible que permita la actualización normativa conforme a los avances científicos.
  • Aplicación del Principio de Precaución: La inclusión del principio de precaución como eje rector de la regulación ha sido objeto de un amplio debate. Los sectores sindicales y científicos han defendido su incorporación obligatoria, argumentando que la incertidumbre científica no debe ser pretexto para la inacción en la protección de los trabajadores. Sin embargo, ciertos actores empresariales y estatales han manifestado reticencias, alegando que su aplicación indiscriminada podría generar barreras administrativas y costos económicos elevados.
  • Obligatoriedad de la Vacunación y Notificación de Enfermedades Ocupacionales: Se discute la viabilidad de establecer la vacunación obligatoria en determinados sectores estratégicos y la obligación de notificación de enfermedades profesionales derivadas de exposiciones biológicas. Mientras algunos Estados consideran que la vacunación debe estar supeditada a la legislación nacional, otros proponen un marco supranacional armonizado que garantice la cobertura universal de los trabajadores expuestos.

2.3. Construcción de un Marco Normativo Integral: Propuestas para la Segunda Discusión

El proceso de revisión del texto normativo ha identificado varios elementos esenciales que deben ser fortalecidos en la segunda discusión de la 113.ª CIT:

  • Protección de Trabajadores Vulnerables y Actividades Esenciales: Se ha puesto de manifiesto que ciertos sectores, como la salud, el transporte, la educación y la gestión de residuos, enfrentan una exposición desproporcionada a los riesgos biológicos. Se insiste en la necesidad de otorgarles una protección reforzada mediante protocolos específicos, acceso prioritario a medidas de prevención y compensaciones adecuadas en caso de exposición.
  • Protección Social y Reparación Integral: Se ha enfatizado la necesidad de garantizar no solo la prevención de riesgos biológicos, sino también el acceso a mecanismos de compensación y reparación para los trabajadores afectados. Esto implica el fortalecimiento de los sistemas de seguridad social y la inclusión de disposiciones sobre la continuidad salarial en caso de confinamiento obligatorio o enfermedad ocupacional.
  • Regulación de las Cadenas de Suministro Globales: Dada la creciente transnacionalización de la producción, se ha propuesto que la normativa establezca obligaciones vinculantes para las empresas multinacionales en la gestión de los riesgos biológicos a lo largo de sus cadenas de suministro.
  • Intersección entre Normas Laborales y Ambientales: Se plantea la necesidad de armonizar la regulación laboral con las normas ambientales y el enfoque de "Una sola salud", reconociendo la interconexión entre la exposición a agentes biológicos, el deterioro ambiental y la salud pública global.

2.4. Puntos en Tensión Entre las Partes.

 

En el marco de las negociaciones, han surgido divergencias significativas entre los actores tripartitos:

  • Nivel de Obligación Normativa: Mientras algunos Estados y empleadores buscan que el convenio adopte un enfoque más flexible basado en recomendaciones, los sindicatos y varios gobiernos insisten en la necesidad de normas vinculantes con mecanismos de cumplimiento estrictos.
  • Financiamiento de la Implementación: Se debate la responsabilidad financiera de la implementación de medidas de protección, con diferencias sobre si debe ser asumida por los empleadores, los Estados o a través de esquemas de cooperación internacional.
  • Supervisión y Cumplimiento: Existen desacuerdos sobre el alcance de los mecanismos de inspección y sanción para garantizar el cumplimiento de las disposiciones del futuro convenio.

 

3. Hacia una Protección Laboral Estructural: Intersección entre los Derechos Fundamentales y la Justicia Ambiental

·       El resultado de la 113.ª CIT (2025) no solo determinará el contenido del futuro convenio, sino que marcará un hito en la evolución del derecho del trabajo como un instrumento de regulación de los impactos de la crisis ecológica sobre el empleo.

·       Resolver las tensiones identificadas en la negociación requerirá un enfoque equilibrado que armonice los intereses de los actores tripartitos, asegurando la viabilidad económica y operativa de las regulaciones sin comprometer la protección de los trabajadores. Un posible camino hacia el consenso podría basarse en mecanismos diferenciados de aplicación, permitiendo que los Estados adapten las medidas a sus realidades nacionales sin debilitar los estándares mínimos de protección. Además, el fortalecimiento de la cooperación internacional y la asistencia técnica de organismos multilaterales podrían facilitar la implementación del convenio en países con menos capacidad de regulación y fiscalización.

·       En términos de evolución futura, es probable que la negociación continúe enfrentando resistencias en torno a la obligatoriedad de las disposiciones y los costos de su implementación. Sin embargo, la creciente interdependencia entre la salud pública, el cambio climático y las condiciones laborales presionará para la adopción de medidas más ambiciosas. Es esperable que el convenio final adopte un enfoque progresivo, con compromisos escalonados y mecanismos de monitoreo que permitan su ajuste en función de la evolución de los riesgos biológicos. La clave del éxito radicará en la capacidad de los Estados y los actores sociales para construir una regulación resiliente, adaptable y capaz de responder a futuros desafíos epidemiológicos y ambientales.

 

Fuentes:

 

 

Directrices técnicas sobre riesgos biológicos en el entorno de trabajo

 

https://www.ilo.org/sites/default/files/wcmsp5/groups/public/%40ed_dialogue/%40lab_admin/documents/meetingdocument/wcms_846256.pdf

 

Peligros biológicos en el entorno de trabajo, Conferencia Internacional del Trabajo

112.ª reunión, 2024 (doc. Iv-1)

https://www.ilo.org/sites/default/files/wcmsp5/groups/public/%40ed_norm/%40relconf/documents/meetingdocument/wcms_863845.pdf

 

Protección frente a los peligros biológicos en el entorno de trabajo, Conferencia Internacional del Trabajo, 112.ª reunión, 2024 (doc.iv-2)

https://www.ilo.org/sites/default/files/wcmsp5/groups/public/%40ed_norm/%40relconf/documents/meetingdocument/wcms_910608.pdf

 

Protección frente a los peligros biológicos en el entorno de trabajo Cuarto punto del orden del día (doc.iv-3)

https://www.ilo.org/sites/default/files/2024-12/ILC113-IV%283%29-%5BGOVERNANCE-240708-001%5D-Web-SP.pdf

 

Protección frente a los peligros biológicos en el entorno de trabajo, Conferencia Internacional del Trabajo, 113.ª reunión, 2025 (doc.iv-4)

https://www.ilo.org/sites/default/files/2025-02/ILC113-IV%284%29-%5BGOVERNANCE-241216-001%5D-Web-SP.pdf

 



[1] Llamar a estos riesgos “emergentes” responde a la idea de que muchos de los peligros biológicos que afectan a los trabajadores no son estáticos, sino que evolucionan con el tiempo debido a múltiples factores, como el cambio climático, la globalización, la urbanización y la resistencia antimicrobiana.

Desde una perspectiva científica y regulatoria, los riesgos biológicos emergentes son aquellos que han aparecido recientemente en una población o que han existido previamente pero están aumentando en incidencia o distribución geográfica. Este concepto es clave en la normativa laboral porque implica que las estrategias de prevención deben ser dinámicas, adaptables y capaces de anticipar nuevas amenazas.

 

viernes, 7 de marzo de 2025

Crónica de la COP16: Avances y Desafíos en la Protección de la Biodiversidad


1. El Contexto de la COP16 y la Crisis de la Biodiversidad


La Conferencia de Biodiversidad de las Naciones Unidas (COP16) es un evento clave en la lucha contra la crisis ambiental, ya que reúne a casi 200 países para acordar estrategias globales. Se celebró en dos partes: la primera en Cali, Colombia, en octubre de 2024, y la segunda en Roma, Italia, en febrero de 2025. Esta segunda sesión fue necesaria porque la reunión en Cali no logró acuerdos suficientes en temas clave, especialmente en financiamiento y monitoreo de la biodiversidad.
La biodiversidad enfrenta una crisis sin precedentes. Estudios científicos han demostrado que estamos en medio de la sexta extinción masiva, con especies desapareciendo a un ritmo entre 100 y 1,000 veces mayor que el natural debido a la acción humana. Entre las principales amenazas se encuentran:
Pérdida de hábitats por deforestación y expansión urbana.
Cambio climático, que altera los ecosistemas y pone en riesgo a especies vulnerables.
Contaminación, en especial la del agua y los suelos por residuos industriales y plásticos.
Sobreexplotación de los recursos naturales, desde la pesca descontrolada hasta la caza furtiva.
Especies invasoras, que desplazan a las especies autóctonas y alteran los ecosistemas.
Frente a esta crisis, en 2022 se aprobó el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal (GBF), un acuerdo internacional con objetivos concretos para detener la pérdida de biodiversidad y restaurar ecosistemas para 2030 y 2050. Sin embargo, la gran pregunta es: ¿cómo asegurar que estos compromisos se traduzcan en acciones reales?
La presidenta de la COP16, Susana Muhamad (Ministra de Medio Ambiente de Colombia), fue clara en su discurso de apertura: "Si no llegamos a acuerdos sobre financiamiento y monitoreo, habremos creado una política importante sin medios para implementarla." Con esta advertencia, la reunión se enfocó en dos grandes desafíos: garantizar recursos financieros y establecer mecanismos de monitoreo y evaluación de los avances.
 

2. La Lucha por el Financiamiento: Un Desafío Crítico


Uno de los temas más difíciles de resolver en la COP16 fue la movilización de recursos. En términos simples, esto significa cómo se va a financiar la conservación de la biodiversidad. Aquí hubo un gran choque de intereses entre los países desarrollados y los países en desarrollo:
Los países en desarrollo argumentaron que no pueden cumplir con los objetivos del GBF sin un fondo específico de financiamiento global, al que puedan acceder de manera rápida y sencilla. Además, señalaron que históricamente han sido los países desarrollados los principales responsables de la degradación ambiental y que, por lo tanto, deben asumir una mayor responsabilidad financiera.
Los países desarrollados insistieron en que ya existen mecanismos financieros como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y que no es necesario crear un nuevo fondo. También argumentaron que los países en desarrollo deben mejorar sus sistemas de gobernanza para asegurar el uso eficiente de los fondos.
¿Qué se acordó?
Después de intensas negociaciones y una propuesta de Brasil en nombre de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), se logró un acuerdo sobre financiamiento. Este acuerdo se basa en tres pilares:
1. Creación de una estrategia revisada de movilización de recursos para el período 2025-2030, con la meta de alcanzar 200 mil millones de dólares anuales para 2030 en financiamiento para la biodiversidad. Esto incluye inversiones tanto públicas como privadas.
2. Evaluación y mejora del actual sistema de financiamiento, con un análisis detallado de las fallas del GEF y la posibilidad de crear un nuevo mecanismo financiero para 2030. Se busca que este mecanismo garantice un acceso más equitativo y ágil a los fondos.
3. Compromiso de los países desarrollados para aumentar su apoyo financiero a los países en desarrollo y garantizar que el acceso a los recursos sea justo, eficiente y sin trabas burocráticas innecesarias.
El acuerdo fue celebrado con una ovación de pie, ya que destrabó otros puntos clave de la agenda. Sin embargo, algunos países en desarrollo expresaron dudas sobre si las promesas de financiamiento realmente se cumplirán en los próximos años.
 

3. Un Sistema de Seguimiento y Evaluación para Evitar Promesas Vacías


Uno de los mayores riesgos de acuerdos internacionales como el GBF es que los países firmen compromisos sin que existan mecanismos efectivos para supervisar su cumplimiento. Por eso, otro gran desafío de la COP16 fue garantizar que los compromisos ambientales no quedaran en el aire. Para ello, se aprobaron varios mecanismos de monitoreo y rendición de cuentas:
1. Un Marco de Seguimiento del GBF, que permitirá medir el progreso de cada país en la implementación de los acuerdos. Cada país deberá reportar avances periódicamente y se establecerán indicadores claros para evaluar su desempeño.
2. Un sistema de planificación y revisión global, que obliga a los países a presentar informes periódicos sobre sus avances y dificultades en biodiversidad. Se estableció que estos informes sean revisados por expertos internacionales para evitar información sesgada.
3. Creación de un Grupo Asesor Científico y Técnico, compuesto por expertos en biodiversidad, que evaluará los resultados y recomendará ajustes para mejorar la implementación del GBF.
El objetivo de este sistema es asegurar que las decisiones tomadas en las COP se conviertan en acciones concretas, evitando que las políticas queden como simples declaraciones de intenciones. Además, se busca aumentar la transparencia y la confianza entre los países, permitiendo que la comunidad internacional pueda exigir responsabilidades en caso de incumplimientos.
Sin embargo, uno de los desafíos clave será garantizar que los países cuenten con la capacidad técnica y financiera para implementar estos mecanismos de monitoreo. Algunos países en desarrollo han expresado preocupaciones sobre la carga administrativa y los costos que puede implicar este sistema.
 

4. Sinergias Internacionales: Más Cooperación entre Acuerdos Ambientales


La biodiversidad no puede ser protegida de manera aislada. Está estrechamente vinculada con otros problemas globales como el cambio climático, la contaminación y el uso de los recursos naturales. Por eso, en la COP16 se discutió la necesidad de una mayor cooperación entre distintos acuerdos ambientales internacionales, evitando duplicaciones y maximizando esfuerzos.

Principales avances en cooperación internacional

La COP16 aprobó varias medidas para fortalecer la coordinación entre diferentes convenciones ambientales:
1. Mayor integración con el Acuerdo de París sobre Cambio Climático 🌍
o Se reconoció que la pérdida de biodiversidad y el cambio climático están interconectados.
o Se acordó coordinar esfuerzos para que las soluciones basadas en la naturaleza (como la reforestación y la restauración de ecosistemas) sean parte de las estrategias climáticas globales.
2. Trabajo conjunto con la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) 🌱🍽️
o Se aprobó un Plan de Acción para integrar la biodiversidad en la producción agrícola y alimentaria.
o Se reforzó la cooperación para reducir el impacto de la agricultura y la ganadería en los ecosistemas naturales.
3. Alianzas con la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación (UNCCD) 🏜️
o Se acordó impulsar estrategias conjuntas para prevenir la degradación de los suelos y restaurar tierras.
o Se establecieron mecanismos para compartir datos sobre ecosistemas en riesgo.
4. Colaboración con el Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) 🦏🐅
o Se trabajará en mejorar la regulación del comercio de especies en peligro de extinción.
o Se fortalecerán los mecanismos de control para evitar la caza furtiva y el tráfico ilegal de fauna y flora.
5. Acuerdo sobre Biodiversidad Marina en Alta Mar (BBNJ) 🌊
o Se impulsó la cooperación con los acuerdos internacionales sobre protección de los océanos y la vida marina en aguas internacionales.
o Se destacó la necesidad de reducir la contaminación plástica y mejorar la regulación pesquera.

El reto de la coordinación global


Uno de los principales desafíos en la cooperación internacional es que cada acuerdo ambiental tiene su propia estructura y prioridades. En la COP16 se reconoció que muchas veces los países enfrentan exigencias contradictorias o superpuestas de distintas convenciones, lo que complica su implementación.
Para solucionar esto, la COP16 propuso:
✅ Unificar sistemas de monitoreo y reporte para evitar duplicaciones.
✅ Fomentar el intercambio de información entre distintas convenciones.
✅ Facilitar el acceso a financiamiento para proyectos que beneficien varias agendas ambientales al mismo tiempo.
Este enfoque integrado permitirá que la protección de la biodiversidad se convierta en un esfuerzo global y coordinado, en lugar de tratarse de forma separada en diferentes foros.
 

5. El Rol de los Pueblos Indígenas y la Sociedad Civil


Los Pueblos Indígenas y Comunidades Locales (IPLC) juegan un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad. Aunque representan solo el 5% de la población mundial, protegen alrededor del 80% de la biodiversidad del planeta en sus territorios.
Durante la COP16, se logró un reconocimiento histórico de su papel como guardianes de los ecosistemas. Sin embargo, aún enfrentan grandes barreras para acceder a financiamiento y participar en la toma de decisiones.

Avances en la participación de los IPLC

1. Acceso directo a financiamiento 💰🏞️
o Se estableció un fondo especial para que los IPLC puedan recibir financiamiento sin necesidad de intermediarios gubernamentales.
o Se acordó que al menos el 20% del nuevo financiamiento para biodiversidad se destine a proyectos liderados por comunidades indígenas.
2. Mayor inclusión en la toma de decisiones 🗣️📜
o Se creó un Órgano Subsidiario sobre el Artículo 8(j), que ofrece una plataforma permanente para que los IPLC participen en las negociaciones internacionales.
o Se fortalecieron los mecanismos de consulta y consentimiento previo antes de aprobar proyectos de desarrollo en sus territorios.
3. Protección del conocimiento tradicional 📖🧬
o Se avanzó en la regulación del uso de la información de secuencia digital (DSI) de recursos genéticos, asegurando que las comunidades indígenas reciban beneficios si su conocimiento es utilizado en investigaciones o desarrollos comerciales.
o Se promovió la recuperación y el respeto del conocimiento tradicional sobre biodiversidad.
El papel de las mujeres y los jóvenes en la COP16
Otro tema clave fue el reconocimiento del rol de las mujeres y la juventud en la protección de la biodiversidad:
La Red Global de Biodiversidad Juvenil exigió mayor participación de los jóvenes en los procesos de decisión y financiamiento de proyectos.
El Caucus de Mujeres lamentó que en la COP16 se las tratara como "observadoras silenciosas" y reclamaron mayor voz en la implementación del GBF.
Estos avances marcan un cambio importante en la gobernanza ambiental, pero aún queda trabajo por hacer para garantizar que los IPLC, las mujeres y los jóvenes tengan un papel activo y no solo simbólico en la conservación de la biodiversidad.
 

6. Conclusiones: ¿Qué Significa la COP16 para el Futuro de la Biodiversidad?


La COP16 logró avances importantes, pero dejó grandes desafíos pendientes. Si bien se fortaleció el financiamiento y el monitoreo del GBF, la implementación real dependerá de la voluntad política de los países y la capacidad de movilizar recursos.
Logros clave de la COP16
✅ Compromiso de financiamiento de 200 mil millones de dólares anuales para 2030
✅ Creación de un mecanismo de seguimiento y rendición de cuentas
✅ Mayor inclusión de los Pueblos Indígenas y Comunidades Locales en la toma de decisiones
✅ Fomento de la cooperación internacional en biodiversidad y cambio climático
Desafíos pendientes
❌ Garantizar que los países cumplan con sus compromisos financieros
❌ Definir un mecanismo financiero permanente más accesible
❌ Asegurar que las estrategias nacionales realmente integren el GBF
❌ Ampliar la participación de mujeres y jóvenes en la conservación

Las próximas conferencias de la COP serán cruciales para ver si estos avances se traducen en acciones concretas o quedan solo en promesas. La COP17, que se celebrará en 2026 en Armenia, deberá evaluar si los países han empezado a cumplir con sus compromisos y ajustar estrategias si es necesario.

Como señaló la presidenta Susana Muhamad en el cierre de la COP16:


"Hemos logrado dar brazos y piernas al Marco Global de Biodiversidad. Ahora debemos asegurarnos de que camine."
La comunidad internacional tiene el reto de convertir estos acuerdos en políticas efectivas que realmente frenen la crisis de biodiversidad. El tiempo corre y el planeta no puede esperar.

Photo by IISD/ENB | Mike Muzurakis

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